A principios de 1937, Madrid que había quedado leal a la República, se encontraba prácticamente rodeado por el ejército sublevado.  Casi todas las carreteras de entrada a la capital se encontraban bajo su control, salvo la carretera de Valencia, vía de entrada de los suministros hacia la capital.

En esta situación, el Alto Mando franquista planea una maniobra envolvente sobre la ciudad, con la intención de cortar la carretera de Valencia y llegar hasta Alcalá de Henares, aislando definitivamente la capital, para forzar así su rendición.

A finales de enero se planteó el inicio de la ofensiva, pero el mal tiempo reinante hace que se vaya retrasando. El buen tiempo llega el día 5 de febrero y, el 6 se inician las operaciones.  Un ejército de unos 18.000 hombres al mando de los generales Varela y Orgaz parte de Pinto y Valdemoro, tomando Ciempozuelos, San Martín de la Vega, Gózquez de arriba, Gózquez de abajo y La Marañosa, alcanzando el día 8 las alturas que dominan el río Jarama. De nuevo vuelve el mal tiempo y las lluvias hacen que la ofensiva se tenga que paralizar. Los refuerzos republicanos comienzan a llegar al frente, estableciéndose un fuerte contingente de tropas defendiendo la zona del puente de Arganda, al pensar que la ofensiva franquista tomaría la dirección más corta hacia Madrid.

En la madrugada del 11 de febrero si inician de nuevo las hostilidades. El I Tabor de Tiradores de Ifni, toma por sorpresa el llamado puente de Pindoque. Con el paso del río se inicia la segunda parte de la ofensiva. La III Brigada Nacional, al mando del coronel Barrón se va a lanzar hacia la conquista de las alturas de los vértices Pajares y Valdeperdices, aunque la resistencia republicana empieza a dificultar en gran parte el avance de las tropas franquistas. En la madrugada del día 12 vuelve a saltar otro cerrojo sobre el Jarama. En esta ocasión es el III Tabor de Regulares de Tetuán el que toma mediante un golpe de mano el puente que une la carretera de San Martín de la Vega con Morata, que estaba defendido por una compañía de la 17ª Brigada Mixta. La II y la IV Brigadas Nacionales al mando de los coroneles Saénz de Buruaga y Asensio Cabanillas se lanzan hacia Morata ascendiendo a la meseta que separa los valles del Tajuña y el Jarama, con el llamado “Ejército de África” en vanguardia (Tabores de Regulares y Banderas de la Legión).

Frente a Morata se encuentran con la XI y XV Brigadas Internacionales, produciéndose un durísimo choque entre los dos ejércitos en los olivares que circundan la Senda Galiana. Las unidades republicanas consiguen detener la ofensiva prácticamente en seco aún a costa de grandes pérdidas. En los días siguientes se suceden los ataques y contraataques en este laberinto de olivares,  convirtiéndose la lucha en una batalla de desgaste. Será la primera batalla moderna de la Historia por la participación de carros de combate, artillería y aviación en coordinación con la infantería;  y la primera “Gran Batalla” a campo abierto de la guerra.

110 BM en Plaza Morata2

El punto máximo del avance franquista sobre Morata se produce el 16 de febrero, con el corte de la carretera del puente de Arganda y la conquista de la Casa de la Radio (El Alto) en medio de una sangría de bajas.  Ya no van a avanzar más. A partir del 17 de febrero cambia la iniciativa en la batalla. Se produce un relevo en el mando republicano, haciéndose cargo de las operaciones el general Miaja sustituyendo al general Pozas. El ejército sublevado está agotado y no tiene reservas. Se van a atrincherar y a intentar aguantar el terreno conquistado. Por el contrario, el ejército gubernamental lanza una contraofensiva en todo el frente con la intención de expulsar a los sublevados a la otra orilla del río Jarama. La clave en esta contraofensiva será la reconquista del cerro Pingarrón, situado en el término municipal de San Martín de la Vega. Las tropas republicanas, al mando de Enrique Líster, jefe de la 11ª División, se van a lanzar una y otra vez contra esta posición.

El día más crítico será el 23 de febrero, en el que hasta en tres ocasiones los republicanos están a punto de hacerse con la cota, reconociéndose como uno de los lugares más sangrientos de la Guerra Civil. A partir de este día la batalla va apagándose, aunque aún se producirá un último y desesperado intento republicano por romper el frente. El 27 de febrero, junto a la carretera de San Martín de la Vega, los norteamericanos del batallón Abraham Lincoln y la 24ª Brigada Mixta, se lanzan contra las posiciones franquistas con un funesto resultado.Fue el epílogo de una de las batallas más importantes de la Guerra Civil. En ella se hizo patente el hecho de que la guerra iba para largo. El frente se estabilizó sin que los dos bandos consiguieran sus objetivos, quedando casi inalterado hasta el final de la guerra, comenzando una ardua labor fortificadora que ha dejado marcado nuestro paisaje con innumerables huellas de aquel conflicto.