El aceite es, sin duda, el producto más comercializado de la agricultura morateña. Con una producción de entre dos y tres millones de kilos de aceituna cornicabra anual, los productos del olivar de Morata son cada vez más demandados, en especial el aceite ecológico. De hecho, la producción de aciete de Morata de Tajuña representa el 25% del total de la Comunidad de Madrid.

Una de las señas de identidad más importantes en los aceites de oliva de Madrid, como el morateño, es el contenido en ácido graso oleico. Presentan una composición acídica, esteroles y de los parámetros de calidad, diferenciados de otras variedades y comarcas.

En el libro de Jesús Antonio de la Torre Briceño ‘Historia de la Villa de Morata de Tajuña’, en el capítulo dedicado a El Olivo y la Vid leemos: "el Olivar ha sido uno de los cultivos característicos del territorio de Morata, favorecido por las condiciones climáticas, las características del suelo y la constitución accidentada del término". De la Torre explica cómo la compañía de Jesús, desde su establecimiento en 1602 en la cercana localidad de Arganda, inició una política de compra de parcelas rústicas que transformó, poco a poco, en viñedos y en olivares, expandiéndose sus posesiones también por el término de Morata a partir de 1640. Datos que, sin lugar a dudas, dan veracidad a la importancia del aceite en nuestro pueblo.


Mejor Olivo Monumental de la Comunidad


olivoEl Gobierno regional, junto con la Marca de Garantía Aceite de Madrid, elogió a ‘El Perdigocho de la Cárcava’ como mejor Mejor Olivo Monumental de la Comunidad de Madrid en el primer Concurso Olivo Monumental 2014.

El jurado, compuesto por expertos en olivicultura y en fotografía, designó como ganador a este olivo de Morata de Tajuña, cuyos tres pies suman un perímetro de 7,10 metros y que da una producción media anual de 50 kilos de aceitunas, por su singularidad, historia y belleza, entre otros factores. Se trata de uno de los pocos olivos que sobrevivieron a la Guerra Civil en la zona, que sufrió la terrible Batalla del Jarama.

El olivo se encontraba cerca de un camino frecuentado por las tropas, que utilizaban los troncos de estos árboles para hacer leña, colocando una granada en su base para descuajarlos.

Este superviviente ha llegado a su actual dueño —Juan Luis de la Torre y de las Heras— pasando de padres a hijos en la misma familia y según las estimaciones podría tener más de 300 años.